Respuesta breve
El rendimiento de un martillo depende de dos cosas simples: el puntero tiene que encontrar el material a escuadra y la máquina tiene que apoyarlo lo suficiente. Lo suficiente es sostener el peso del propio martillo más algo de empuje del brazo; ni tanto que la máquina se levante ni tan poco que el puntero rebote. En el ángulo la regla es más estricta: el puntero debe quedar perpendicular a la cara. Un puntero inclinado convierte parte de cada golpe en carga lateral, y esa carga va al casquillo, al vástago y al cuerpo. Estos dos ajustes son la decisión que todo operador, por experto que sea, repite cientos de veces al día.
Poca presión: de ahí viene el golpe en vacío
Cuando el martillo se acciona antes de que el puntero asiente bien, la energía del pistón vuelve a las piezas internas del propio martillo en lugar de entrar en el material. En obra se llama golpe en vacío y es de los daños más severos que sufre un martillo.
Poca presión no es la única causa del golpe en vacío pero sí la más frecuente. Al romperse el material el puntero cae al hueco, y si el operador no suelta el mando el martillo golpea en vacío un instante; ese instante se repite en cada rotura.
El síntoma está en el sonido. Un martillo asentado suena sordo y regular; uno que golpea en vacío suena metálico y resonante. La distinción la tratamos en su propia guía, y el lado del diagnóstico está en la página de golpe en vacío.
Demasiada presión: carga invisible sobre el brazo
Apretar más no hace que el martillo rompa más. Su energía de golpe viene de la hidráulica, no del empuje del brazo. Empujar con el brazo solo garantiza que el puntero mantenga el contacto; más allá de eso no aporta nada.
Lo que sí aporta es carga. Apretando hasta levantar la parte delantera de la máquina, brazo, balancín y bulones trabajan bajo una carga estática que llega acompañada de vibración en cada golpe. Por eso con el tiempo aparecen grietas en los cordones de soldadura del brazo.
La medida práctica es esta: mientras el martillo trabaja, las cadenas o las ruedas de la máquina no deben despegarse del suelo. Si lo hacen, hay demasiada presión.
Ángulo: ¿por qué perpendicular?
La energía del golpe viaja por el eje del puntero. Con el puntero a escuadra con la cara, toda esa energía entra en el material. Inclinado, una componente se convierte en fuerza lateral, y el único sitio al que puede ir esa fuerza es el casquillo.
La marca que deja la fuerza lateral es conocida: brillo en un solo lado del vástago, desgaste ovalado en el casquillo y un puntero que poco a poco se sale del eje. Parecen un problema de calidad de material y suelen ser un problema de ángulo.
En la práctica no siempre es posible estar perfectamente a escuadra; en una cara inclinada o en un sitio estrecho el puntero no siempre asienta recto. La regla entonces es: corrija el ángulo recolocando la máquina, no girando el martillo.
Si el puntero resbala, suelte el mando
Si el puntero empieza a resbalar sobre la cara mientras trabaja, no intente recolocarlo con el martillo golpeando. Un puntero que resbala recibe su mayor carga lateral justo en ese instante. Suelte el mando, vuelva a asentar el puntero y empiece de nuevo. Esos pocos segundos son el hábito que más alarga la vida del casquillo en obra.
Qué hacer y qué evitar
Qué hacer
- Apoye el puntero a escuadra con la cara; construya el ángulo colocando la máquina.
- Apoye lo justo para sostener el peso del martillo, no mucho más.
- Suelte el mando en cuanto el material rompa; que no golpee mientras el puntero cae.
- Si el puntero empieza a resbalar, pare y vuelva a asentarlo.
- Escuche el sonido; su cambio es el primer aviso de que la presión se ha desajustado.
Qué evitar
- No apriete hasta levantar la parte delantera de la máquina.
- No siga inclinado con el argumento de que "aun así rompe".
- No pasee un martillo golpeando por la superficie.
- No intente hacer palanca en vez de romper; ese es otro error y más grave.
- No accione antes de que el puntero asiente; cada golpe en vacío vuelve a las piezas internas.
¿El tipo de puntero cambia el ángulo?
No cambia la regla, cambia la tolerancia. Un puntero cónico carga un punto estrecho y es el que más tiende a resbalar si se apoya inclinado. Un puntero romo reparte sobre una cara ancha y aguanta mejor pequeñas desviaciones.
Un cincel es sensible a la dirección: su filo debe orientarse respecto a la dirección de la grieta, o la energía no avanza en el plano buscado. Aquí el ángulo no cubre solo la escuadra sino también la orientación del filo.
Qué hace cada tipo de puntero en cada material lo tratamos en la página de punteros y en su propia guía; el tema de esta es la disciplina de presión y ángulo, que vale sea cual sea el puntero.
