Respuesta breve
La grasa se aplica con el puntero empujado hacia arriba. Con el puntero colgando cae por su propio peso y abre una holgura entre puntero y casquillo; la grasa bombeada ahí se escapa hacia fuera en lugar de repartirse por el casquillo. Si apoya el puntero en el suelo o en el material de modo que quede empujado hacia arriba, esa holgura se cierra y la grasa va justo a la superficie que la necesita. El martillo debe estar parado y la línea hidráulica sin presión.
Por qué importa tanto la posición
El puntero puede moverse axialmente dentro del casquillo una cierta cantidad. Con el martillo en el aire, cae por su peso y se abre una holgura en la parte superior. La grasa de la bomba toma el camino más fácil y sale por esa holgura; nunca llega a la zona del casquillo que soporta la carga.
Si apoya el puntero contra el suelo de modo que quede empujado hacia arriba, esa holgura se cierra. El único sitio al que puede ir la grasa es la estrecha holgura entre casquillo y puntero, que es exactamente la superficie que hay que lubricar.
Por eso los casquillos pueden acabarse pronto en una obra donde todos aseguran que se engrasó. Se engrasó, pero en el momento equivocado, y la grasa nunca llegó a su destino.
Una comprobación sencilla
Después de engrasar, mire alrededor del puntero. Bien hecho, la grasa aparece como un anillo fino en la boca del casquillo, mezclada con polvo. Si solo queda alrededor del engrasador, o no aparece, no ha llegado al casquillo.
La secuencia correcta
- Pare el martillo y ponga la máquina a ralentí.
- Apoye el puntero en el suelo o en el material; baje un poco el brazo para que quede empujado hacia arriba dentro del casquillo.
- Libere la presión de la línea hidráulica; nunca se manipula un engrasador con presión.
- Limpie el engrasador y la boquilla de la bomba con un trapo limpio. La grasa que pasa por un engrasador sucio lleva el polvo directamente al casquillo.
- Aplique la cantidad que indique el manual; pare cuando empiece a salir grasa limpia por la boca del casquillo.
- Retire el exceso alrededor del puntero; la grasa que queda fuera acumula polvo.
¿Es dañino el exceso de grasa?
En el lado del casquillo, el exceso suele expulsarse y hace poco daño; el desperdicio es sobre todo dinero. Pero engrasar en exceso siempre forma un montículo que retiene polvo alrededor del puntero, y ese montículo es abrasivo.
El problema real es el exceso en el sitio equivocado. En algunos modelos, forzar grasa detrás del retén puede levantarlo de su asiento. Así que "cuanta más, mejor" no es correcto; manda la cantidad que indica el manual.
En máquinas con engrase automático, añadir grasa a mano suele ser innecesario; el sistema ya dosifica.
Cuándo engrasar
Lo habitual es engrasar al inicio del turno, pero no es la única respuesta correcta. Lo que decide es cuánto va a trabajar el martillo ese día: en un turno largo y polvoriento, una ronda más a mediodía protege el casquillo de forma apreciable.
Engrase en todo cambio de puntero, sin excepción. Al sacar el puntero la superficie del casquillo queda expuesta un rato; engrasar tras montar el nuevo cubre la superficie y expulsa el polvo que haya entrado.
Engrase también en el primer arranque tras una parada larga. En un martillo parado la grasa puede haber escurrido por gravedad y la película haberse afinado.
Los tres errores más frecuentes
- Engrasar con el martillo en el aire: la grasa no llega al casquillo y se escapa.
- Bombear por un engrasador sucio: la grasa mete polvo directamente y abrasa en vez de lubricar.
- Engrasar al final del turno y aparcar: la grasa escurre durante la noche y por la mañana se arranca en seco. Engrase cerca del momento de empezar a trabajar.
